lunes, 30 de abril de 2012

LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS CABALLOS AL PERU


La hueste de ciento setenta hombres de Francisco Pizarro, que capturó al inca Atahualpa en noviembre de 1532, trajo consigo a sesenta y dos caballos que fueron los originarios fundadores de la especie en el Perú. Se supone que éstos provenían de los criaderos de Nicaragua, a donde llegaron gran cantidad de caballos en el segundo viaje de Colón en 1493. 
A estos sesenta y dos caballos de Pizarro, se sumaron las ochenta y cuatro bestias que trajo Diego de Almagro luego de la prisión del Inca y los de Hernando de Soto, quien vino de Nicaragua y de quien Garcilaso de la Vega diría que era un gran jinete. Hay que recordarlo en el aquel episodio según el cual De Soto, enviado por Pizarro a entrevistarse con el Inca Atahualpa en las afueras de Cajamarca, hizo alarde de su excepcionales habilidades como jinete: para exhibir ante la corte del Inca su dominio de la cabalgadura, emprendió un rápido galope que terminó frenando en seco, a breve espacio de los guerreros incas. Se dice que Atahualpa ordenó ejecutar a aquellos que retrocedieron ante la embestida. Este hecho evidencia la agilidad y nervio del corcel, el dominio del jinete y el pavor que el extraño animal inspiró a los aborígenes. 
Por último, en 1534 llegó a Quito, Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala, al mando de quinientos hombres con doscientos cincuenta caballos. 
Todo ello hizo que en tres años llegaran al Perú varios centenares de caballos que fueron decisivos para el dominio definitivo del Tahuantisuyo por parte de los españoles. Estos animales enfrentaron la resistencia indígena -el cerco del Cusco que impuso Manco Inca entre 1536 y 1537-, y fueron los progenitores de los primeros caballos nacidos en tierras peruanas. 

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